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Autor: Ana María Lora, psicóloga y directora de Ludikcenter

He logrado evidenciar sus dificultades, las que debemos superar.

El iba a su colegio y yo a mi trabajo, luego en la tarde en ocasiones lo acompañaba ha hacer sus tareas, a veces largas otras cortas, pero siempre tan apoyado uno a uno por mi o por alguien que no nos dábamos cuenta de que lo que decían los docentes en los reportes de notas era cierto; en realidad era difícil creerlo pues no lo veíamos nosotros.

“Tiene inadecuada postura” “Se le dificulta atender” “No logra organizarse en su espacio ni en el cuaderno” “No sigue las instrucciones”.

Llevamos ya casi tres meses en esto del aula virtual desde casa. Al inicio, las primeras semanas, la dinámica era la misma que la de las tardes en la tarea de no cuarentena, constantemente pendiente de él diciéndole qué hacer, cómo hacerlo, con qué hacerlo. “Siéntate bien”, “Saca tu cuaderno de español”, “Usa este lápiz”, “Inicia acá”, “No te muevas”, “Atiende”, “Debes señalar sólo los sustantivos” , haciendo un seguimiento tan constante y riguroso que no se le permitía a él tener que hacerlo, ni resolverlo, ni pensar por sí mismo y por lo tanto no se hacían evidentes sus dificultades.

Pasadas las semanas la vida tuvo que ajustarse a la realidad, yo debía trabajar. Así que empezó a quedarse cada vez más tiempo solo enfrente a la pantalla. Yo estaba cerca haciendo mi labor pero atendiendo lo mío.  Él era quién recibía las instrucciones y debía atenderlas y ejecutarlas. Él era quién debía buscar el lápiz, borrador y lo que se le pidiera. Él era quién debía organizar y ajustar su cuerpo. Seguramente, muchos padres en la misma situación vieron la luz cuando al darles el espacio los niños se volvieron autónomos. Al permitirles buscar, pensar, afrontar, resolver, los niños florecieron en independencia y seguramente esto cargó muchos otros beneficios.

Yo me encuentro en una situación diferente, mi hijo requiere mucho más que darle independencia. Descubrí que existen debilidades en su aprendizaje que no le permiten funcionar como los otros niños aunque logre autonomía, aunque yo crea en él. He descubierto que tiene dificultades de postura por un tono muscular bajo, no es un quererse sentar mal, es no poder sentarse bien. He observado que aunque esté motivado en la actividad, se dispersa constantemente, pierde la atención con todo lo que encuentra a su alrededor.  He notado que se le dificulta mucho organizar los útiles, su espacio, pero especialmente se le dificulta organizar los pasos para llegar a una meta. Él quiere, él quiere de verdad y se lo propone, pero se le dificulta.

Hoy conozco a mi hijo mejor que nunca. Reconozco sus debilidades, esas que los docentes me indicaban y me señalaban. Hoy he dejado de hacer señalamiento a otros o al entorno escolar culpándolos de estas conductas, dejo de hacer negación, resistencia a lo que me dicen y comprendo que son debilidades de mi hijo.  Hoy estas debilidades se convierten para mi familia, para mi y para mi hijo en una serie de retos que debemos superar juntos.  Retos que superaremos desde la aceptación, el conocimiento de lo que pasa y lo que debemos hacer para ayudarle.

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